Aprovechando una visita de Toni, que venía de Barcelona a
echar unos días por aquí, nos escapamos en un salto a un carrilillo de tierra que sale
desde cerca de Berrocal –junto al río Tinto- y llega hasta Valverde del Camino.
Este carril me lo encontré un día que iba dando una vuelta en moto yo sólo y
sin rumbo y me dio por salirme de la carretera a ver lo que me encontraba y –bueno-
al final me gustó lo que me encontré.
Pues eso, Toni es un amigo catalán que no se le ocurrió otra
cosa que echarse novia en Huelva, pero esa es otra historia. El caso es que de
vez en cuando viene y a veces se baja en la moto, otra V Strom amarillita;
cuando se baja en moto solemos salir a dar una vuelta más o menos cerca. Me
gusta tratar de enseñarle sitios y/o rutas que no conozca, pero el jodío me lo
pone difícil, éste tiene más kilómetros que el baúl de la Piqué. Como sé que le
gusta carrilear (o pistear, según quien lo diga) se me ocurrió llevármelo a
aquel carrilito que me encontré aquel día de rodar en solitario, le pareció
bien y allá que salimos. Él estrenaba una cámara on board, de estas que te
colocas en el casco o en cualquier barra de la moto, se la había comprado para
el Motonómadas, al que iba desde Huelva directamente un par de días más tarde.
El caso es que le vendría bien este paseíllo en moto para cogerle un poco el pulso
a la cámara, le hizo algunas pruebas que le vendrían al dedillo unos días más
tarde.
Salimos por la mañana a las 9:00 en dirección a Berrocal y
cuando llegamos al puente del Tinto nos paramos para colocarse la cámara y
contarle un poco lo que veríamos durante el recorrido. El aspirante a paparazzi
ya empezó a grabarme sin que yo me enterara mientras le contaba la película…
traicionero! Pues nada, sacamos las motos del asfalto y empezamos con un par de
curvas enlazadas en subida que nos colocan en paralelo al Tinto, a mi que
apenas me gusta el río éste “colorao” me entraban ganas de pararme en cada
curva y en cada claro para hacer alguna fotillo.
Poco después perdíamos de vista el Tinto para colocarnos en paralelo a un arroyo que creo que se llama El Manzanito, también lo dejamos atrás. Toni me dejaba ir delante para grabarme con su juguetito nuevo, pero en un momento dado se le ocurrió colocar la cámara en la moto mirando hacia atrás para filmarme de frente, ahí se complicó todo. Yo –que soy un conductor muy normalito- apenas sé andar por tierra, no tengo experiencia en campo y soy lo que se suele decir un cagón. Vamos, que si me derrapa la rueda trasera al abrir gas en una curva me tengo que parar a recuperarme del susto, por decirlo de una forma poco escatológica. Me faltan muchas tablas en este terreno, muchas no, todas. El caso es que Toni sí que está algo más acostumbrado a salir al campo en moto, por sus dominios se junta de vez en cuando con otras maxitrails y salen a hacer el cafre por ahí, y se le nota, vaya si se le nota o, por los menos, yo se lo noté. Así las cosas, pues claro, mientras él iba detrás de mí todo iba de puta madre, los dos tranquilitos, pero cuando él se colocó en cabeza….. le perdí de vista en la segunda curva. De vez en cuando me esperaba para que saliera un poco en el vídeo pero otra vez volvía a escaparse en cuanto abría gas a la salida de un par de curvas. Al margen de las risas que echábamos en cada parada que hacíamos, lo más divertido de la ruta fue la enorme polvareda que atravesábamos de vez en cuando.
A finales de agosto, con todo un verano sin gota de agua y con camiones circulando para sacar madera del monte, había algunas curvas con un palmo de polvo, pero un polvo tan fino que las ruedas llegaban al firme sin que se moviera la dirección. Una sensación muy rara esa de notar como cuando pisas un charco a cierta velocidad y la rueda delantera te echa toda el agua a las botas. Bueno, en realidad no es una sensación tan rara, lo raro es que esto pasaba mientras estás masticando el polvo y vas levantando una nube que pareces una división de infantería acorazada.
Poco a poco nos íbamos acercando a Valverde del Camino, y en una parada me decía Toni: “quillo, vámonos, que van a empezar las carreras”. El jodío quería ver el Moto GP y me lo dice a una hora de casa, pues nada, caminito de vuelta. Las motos, las botas y los bajos de los pantalones quedaron como para irse a una terracita pija, esta tarde voy a darle a la moto el lavado correspondiente al año 2013. Lo curioso es que cuando entrábamos en Huelva nos paramos en un semáforo junto a un señor que llevaba otra V Strom inmaculada, brillante, impoluta; “qué moto más bonita tienes”, le dije, y él me contestó que venía de lavarla; en el siguiente semáforo Toni me dijo que se quedó con las ganas de decirle que nosotros veníamos de disfrutarla. A partir de ahí, él se fue por un lado y yo por otro, por la tarde ya quedaríamos para lavar las motos, 2 euros le tuve que echar a la máquina.
Ahora lo que me queda es pensar a dónde puñetas me voy a llevar a Toni la próxima vez que se baje en moto.
1 comentario:
Grande muy grande Er-Mario, gran persona y gran afitrión. Agradecido por enseñarme esos rincones de tus dominios desconocidos por la gran mayoria de los pobladores de tus tierras.
La proxima vez te toca rodar por mis latidudes, que tanto te gustan, y si la situación no lo permite, no te preocupes que volvere, que todavia te quedan muchos escondrijos que enseñarme.
Toni
Publicar un comentario