El pasado 13 de agosto nuestra amiga Mónica -la motera más
guerrera que he conocido y creo que conoceré- conoció por fin a África, su
hija. Más o menos de cerca habíamos seguido su embarazo con una mezcla de
alegría y de incredulidad, y es que Mónica era una de las últimas mujeres que
yo me imaginaría dando un biberón o cambiando unos pañales.
Pues nos llegó la hora a nosotros de acercarnos en un salto a
conocer también a África. Un par de mensajes y ya estamos en marcha, el sábado
31 a las 9:00 de la mañana nos montábamos en la moto de camino a Chiclana. En
esta ocasión, para variar un poco y por quitarnos el puente de San Paquito (5º
Centenario) de Sevilla, decidimos cruzar el Guadalquivir por Coria del Río en
la barcaza, así la conocíamos también.
Por 2,60€ nos pasaron a Rosa, a la moto y a mi al otro lado y desde que llegamos a la orilla del río hasta que desembarcamos creo que no pasaron ni 5 minutos, rapidísimo, supongo que sería la suerte del principiante.
Por 2,60€ nos pasaron a Rosa, a la moto y a mi al otro lado y desde que llegamos a la orilla del río hasta que desembarcamos creo que no pasaron ni 5 minutos, rapidísimo, supongo que sería la suerte del principiante.
A eso de las 12:00 estábamos aparcando en la puerta de
Mónica y por fin conocimos a África, una pequeñaja de tan sólo 2,50 kg. Morena,
con algún gesto y alguna marca conocidos. Como buena madre, a Mónica se le cae la baba con su niña.
África apenas dio un ruido en las 24 horas que estuvimos con ella. Mónica, como era de esperar, no está por la labor de encerrarse en su casa escudándose en la pequeña, para nada. Salimos a tomar una cervecita (que ella lleva ya muchos meses sin probarla) y volvimos a su casa cerca de las 6 de la tarde, con la niña, claro. Es evidente que a esta mujer no hay quien la pare y es más evidente o tal vez inevitable que África se va a hacer una intrépida viajera… por la cuenta que le trae. Llegamos a la playa del Palmar para sentarnos los primeros a comer en un sitio con las BBB, allí nos reímos un poco con el típico “qué tiempo tiene?”, se referían a África, eh?, no a mi. Después de comer nos acercamos al Baloo, un garito tela de chulo en la playita donde nos tomamos unos mojitos sin alcohol que quitaban el sentío.
Allí se estaba “namás que una mihilla de bien”, en unos silloncitos, con la brisa del mar… hasta que el sol se movió y nos quedamos fuera de la sombrilla, allí sí que apretaba el Lorenzo. Pues después de estar allí un ratito bien agradable cogimos el camino de vuelta a Chiclana, que para luego ya había planes. Por la noche y después de cenar fuimos –como se suele decir- a tomarnos la penúltima en el café Copas Box en Puerto Real, un bar con mucha solera motera que no ha podido resistir la crisis y cerraba esa noche sus puertas por última vez, allí coincidimos con una representación de los Moteros Gaditanos, a la copita nocturna aún no estaba invitada África, que se quedó en casa con la abuela, armada con un biberón.
África apenas dio un ruido en las 24 horas que estuvimos con ella. Mónica, como era de esperar, no está por la labor de encerrarse en su casa escudándose en la pequeña, para nada. Salimos a tomar una cervecita (que ella lleva ya muchos meses sin probarla) y volvimos a su casa cerca de las 6 de la tarde, con la niña, claro. Es evidente que a esta mujer no hay quien la pare y es más evidente o tal vez inevitable que África se va a hacer una intrépida viajera… por la cuenta que le trae. Llegamos a la playa del Palmar para sentarnos los primeros a comer en un sitio con las BBB, allí nos reímos un poco con el típico “qué tiempo tiene?”, se referían a África, eh?, no a mi. Después de comer nos acercamos al Baloo, un garito tela de chulo en la playita donde nos tomamos unos mojitos sin alcohol que quitaban el sentío.
Allí se estaba “namás que una mihilla de bien”, en unos silloncitos, con la brisa del mar… hasta que el sol se movió y nos quedamos fuera de la sombrilla, allí sí que apretaba el Lorenzo. Pues después de estar allí un ratito bien agradable cogimos el camino de vuelta a Chiclana, que para luego ya había planes. Por la noche y después de cenar fuimos –como se suele decir- a tomarnos la penúltima en el café Copas Box en Puerto Real, un bar con mucha solera motera que no ha podido resistir la crisis y cerraba esa noche sus puertas por última vez, allí coincidimos con una representación de los Moteros Gaditanos, a la copita nocturna aún no estaba invitada África, que se quedó en casa con la abuela, armada con un biberón.
El domingo teníamos pensado darnos una vuelta por la Sierra
de Grazalema y/o los Alcornocales, queríamos salir tempranito pero la recién
mamá nos lió y no fue hasta cerca de las 12 cuando le echamos la pata por
encima a la moto. Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules, Puerto de Galis, Jimena
de la Frontera, Gaucín, El Colmenar, Ubrique, El Bosque, Prado del Rey y
caminito de vuelta a casa otra vez atravesando el Guadalquivir por Coria del
Río.
Pensaba yo al salir que apenas nos daría tiempo de disfrutar
de la sierra habiendo salido tan tarde pero me equivoqué, y bien equivocado. Salimos
sin tener ni la más remota idea de la ruta que íbamos a coger –como casi
siempre- y en Alcalá de los Gazules ya la dibujamos sobre el mapa, nos
sorprendió la bonita vista que tiene este pueblito en la ladera.
Nos acordamos de comer cuando llegábamos a Jimena de la Frontera, allí nos comimos unos montaditos de lomo en un alojamiento-tasca rural, estaban buenos, el sitio nos gustó y fue baratísimo.
De allí continuamos el camino hasta Gaucín para luego volver un par de kilómetros hacia atrás y tomar la carretera de El Colmenar, que en el mapa apenas se veía, mejor que mejor.
Esta carretera resultó ser una chulada, creo que nos cruzamos con un par de coches en los 27 kilómetros que había por una pista asfaltada que nos llevó hasta cerca de Ubrique. El resto del camino ya lo habíamos hecho varias veces, pero no por eso dejamos de apreciar lo bonito que es el camino y algunos de sus pueblos. Al llegar a la orilla del Guadalquivir no parecía que nadie fuera a cruzarnos al otro lado pero no tardó mucho la barcaza en acercarse a por nosotros y un par de coches que llegaron detrás nuestra.
Al subir a la barcaza, un paisano se fijó en la cámara del casco pero lo disimuló lo mejor que pudo, que no fue mucho.
El resto del camino fue llegar a la autovía y aguantar la monotonía agravada por los conos que ponen para que la vuelta del fin de semana en las playas de Huelva sea más ágil, dejando para los que vamos para allá un solo carril.
Nos acordamos de comer cuando llegábamos a Jimena de la Frontera, allí nos comimos unos montaditos de lomo en un alojamiento-tasca rural, estaban buenos, el sitio nos gustó y fue baratísimo.
De allí continuamos el camino hasta Gaucín para luego volver un par de kilómetros hacia atrás y tomar la carretera de El Colmenar, que en el mapa apenas se veía, mejor que mejor.
Esta carretera resultó ser una chulada, creo que nos cruzamos con un par de coches en los 27 kilómetros que había por una pista asfaltada que nos llevó hasta cerca de Ubrique. El resto del camino ya lo habíamos hecho varias veces, pero no por eso dejamos de apreciar lo bonito que es el camino y algunos de sus pueblos. Al llegar a la orilla del Guadalquivir no parecía que nadie fuera a cruzarnos al otro lado pero no tardó mucho la barcaza en acercarse a por nosotros y un par de coches que llegaron detrás nuestra.
Al subir a la barcaza, un paisano se fijó en la cámara del casco pero lo disimuló lo mejor que pudo, que no fue mucho.
El resto del camino fue llegar a la autovía y aguantar la monotonía agravada por los conos que ponen para que la vuelta del fin de semana en las playas de Huelva sea más ágil, dejando para los que vamos para allá un solo carril.
3 comentarios:
Que guapo Mariooo!! muchas gracias por esa visita y gracias por esta cronica...tenemos pendiente la siguiente a dos ruedas jejeje
Find estupendooooo.
Bonita crónica. Un saludo.
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